Las palabras que utilizamos, la narrativa que nos envuelve, lo que nos contamos sobre quiénes somos, sobre quiénes son los demás y sobre qué es el mundo, tienen la capacidad de limitar o expandir nuestra percepción. Es decir, vivimos atrapados en un mundo lingüístico creyendo que es la realidad, pero es solo el mapa, no el territorio.
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