La investigación reciente empieza a advertirnos de una secuencia que merece nuestra atención: descarga cognitiva, descarga metacognitiva, transferencia de agencia, dependencia… y posible fragilidad cognitiva.
La IA puede ayudarnos a llegar más lejos. El reto educativo es conseguir que no lo haga a costa de dejar de pensar por nosotros mismos.
Quizá la mejor prueba de aprendizaje sea muy sencilla:
¿Qué queda en el estudiante cuando apagamos la IA?
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