La neuroplasticidad nos recuerda que el cerebro no es una estructura fija, sino un sistema vivo, capaz de cambiar a partir de nuestras experiencias, nuestros hábitos y nuestra forma de interpretar la realidad.
Cuando cultivamos la ilusión, la esperanza y una mirada más abierta ante la vida, nuestro cerebro responde: se favorecen nuevas conexiones, se activan procesos de aprendizaje y, en determinadas áreas, pueden generarse nuevas neuronas.Sin embargo, cuando nos instalamos en la desesperanza, el estrés sostenido o la falta de sentido, nuestro equilibrio interior también se ve afectado. Aquello que pensamos y sentimos de forma repetida puede influir profundamente en nuestra salud física, mental y cerebral.
Por eso, elegir cultivar una mentalidad más esperanzadora no es ingenuidad. Es una forma profunda de transformación.
Porque cuando cambiamos nuestra manera de mirar la vida, también empezamos a cambiar la manera en la que nuestro cerebro se relaciona con ella.
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