Es comprender contexto, regular emociones, interactuar socialmente, evaluar evidencia, aprender de la experiencia y desarrollar criterio propio.
Si educamos solo para medir, terminaremos diseñando sistemas donde las máquinas parecen inteligentes… y las personas no.
El verdadero reto del siglo XXI no es enseñar más tecnología, sino enseñar mejor qué significa pensar, decidir y aprender como humanos, usando la IA como aliada, no como reemplazo.
Tal vez el futuro de la educación no dependa de cuánta IA usamos,
sino de cuánta inteligencia humana somos capaces de proteger y desarrollar.
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