La obesidad no es únicamente un exceso de grasa corporal; es una condición neurobiológica en la que el hipotálamo —centro integrador del balance energético— pierde la capacidad de interpretar adecuadamente señales como leptina, insulina y disponibilidad energética. Este fenómeno, conocido como resistencia central metabólica, favorece hiperfagia, reducción del gasto energético y alteraciones en la regulación neuroendocrina. En otras palabras, el cerebro entra en un estado que “defiende” el exceso de peso.
La evidencia contemporánea demuestra que el ejercicio induce plasticidad hipotalámica, es decir, cambios estructurales y funcionales en los circuitos neuronales que regulan el apetito, el metabolismo y la homeostasis energética. En pacientes con obesidad, se ha descrito inflamación hipotalámica de bajo grado mediada por activación microglial, incremento de citocinas proinflamatorias y disrupción de la señalización leptínica e insulínica. El entrenamiento físico modula este proceso mediante mecanismos integrados.Durante la contracción muscular se liberan mioquinas y metabolitos señalizadores como lactato, IL-6 en su contexto antiinflamatorio, irisina y BDNF (brain-derived neurotrophic factor). Estas moléculas atraviesan la barrera hematoencefálica y promueven neurogénesis, sinaptogénesis y mayor eficiencia de circuitos anorexigénicos hipotalámicos (POMC/CART), reduciendo la actividad relativa de circuitos orexigénicos (NPY/AgRP). Paralelamente, el ejercicio disminuye la señalización inflamatoria mediada por TLR4-NF-κB y reduce la expresión de SOCS3, facilitando la restauración de la señalización leptínica a través de la vía JAK2-STAT3.
No hay comentarios:
Publicar un comentario