El verdadero dilema es qué pasa con la autonomía, la equidad y la relación humana cuando delegamos decisiones pedagógicas a sistemas automáticos.
Las directrices éticas de la Unión Europea lo dicen sin rodeos:La IA puede mejorar la educación, solo si fortalece al docente y protege al estudiante. No si lo sustituye. No si lo invisibiliza. No si decide sin contexto.
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