El uso de la Inteligencia Artificial Generativa (IA) ha transformado la rapidez con la que los investigadores completan sus tareas, pero su integración en la escritura científica exige precaución. Cheng et al. (2025) plantean que la IA puede potenciar la escritura científica solo si se usa con principios éticos sólidos y supervisión humana real.
Herramientas como ChatGPT pueden apoyar la producción de literatura académica de manera legítima, siempre que se respeten salvaguardas éticas para evitar riesgos como el plagio o las "alucinaciones" de la IA. Una idea central es que "las herramientas de IA generativa no se se deben considerar como autores de trabajos académicos y no deben acreditarse como tales", ya que carecen de la capacidad de hacerse responsables de la precisión del contenido.
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